jueves, 3 de diciembre de 2009

¿PUEDE MEJORAR EL PESCADOR CON CAÑA'?





Devolver un pescado al agua no parece tan importante ante la tremenda agresividad del hombre para con la naturaleza.
Si uno piensa en los gigantescos petroleros derramando combustible sobre mares impolutos o en los barcos factorías que en un día de faena pueden congelar cardúmenes íntegros de merluzas. Devolver un pescado al agua en el Río de la Plata o en el mar, que parece inagotable, parece inocuo y hasta ingenuo. 

Esa tremenda actitud atentatoria a la vida, produce un velo, una bruma tóxica, en la actitud ética de devolver un pescado al agua.
Todo es igual, nada es mejor; por lo tanto, que importa un mínimo acto individual.
El hombre, casi en todas sus experiencias con la naturaleza, termina fallando.
El pescador con caña, tiene la capacidad individual de poder ser una excepción.
El acto de poder sacar un pez del agua, es el proceso sabio que emociona.
No es el destino, sino el camino lo que se debe disfrutar: Matarlo luego, ¿qué significa? ¿ Qué lógica tiene?
Comer lo que pescamos es lo que más se arrima a cerrar el proceso de la participación activa del hombre con la naturaleza, el otro acto ético es devolverlo al agua agradecido.
Devolver el pescado al agua después de haber hecho divertir al pescador; es una acción inteligente para conservar lo que le gusta, lo que lo entretiene. Es cuidar lo bueno, es pensar en los otros, es respetar a la naturaleza y es prolongar la ilusión de poder hacerlo una próxima vez.
La nobleza es una práctica que se hace costumbre cuando se la descubre.
La grandeza de estos actos es individual, personal, íntima. Es el triunfo de la lucha de uno mismo con el egoísmo, con la maldad, contra la muerte.
¿Puede mejorar el pescador con caña?

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